En torno a las alturas

Paganas y cristianas

 

CONTRAPORTADA

En torno a las alturas reactualiza la importancia de la belleza y las virtudes. No sólo por su tema sigue a MacIntyre, gracias a cuyos trabajos la ética de las virtudes volvió a la prominencia en la investigación académica, sino también por su aprecio por la Edad Media y por la mezcla de disciplinas —filosofía, teología, mitología, filología, teatro, psicología analítica—, pues según el filósofo norteamericano sus límites convencionales a menudo compartimentan el pensamiento de tal modo que se distorsionan u oscurecen las relaciones claves.

No obstante, no es un libro para especialistas. “Mi propósito, como el de Chesterton –afirma Contreras–, es tratar de iluminar lo que otros autores puedan haber dejado a oscuras”.


CONTENIDO

Prefacio

EN TORNO A LA BELLEZA
HELENA. La belleza divina
PERSÉFONE. La belleza secreta
DEL AMOR A LA LIBERTAD
EL RETORNO A LA BELLEZA
EL RETORNO A LA CONTEMPLACIÓN

EN TORNO A LO DIVINO
UN NUEVO PARAÍSO
DE LOS EVANGELIOS A LOS SANTOS
LA ETERNA DULZURA
LAS ALABANZAS DE LAS ALTURAS
LOS SANTOS DE LA CASA

Lista de figuras
Referencias
Índice de nombres y materias


LA ETERNA DULZURA

Pensándolo bien, a mí todas las vírgenes me parecen dulces; me refiero a las vírgenes griegas. Atenea es la parthenôs, la «virgen» protectora de Atenas. Otto dice que representa la acción prudente que conduce a la victoria, y la llama la omnipresente por su cercanía con los hombres (2003: 66-69). En la Ilíada (I.207) se le aparece a Aquiles justo cuando está pronto a sacar su espada para cobrarse una ofensa, y lo disuade con suavidad: “Vengo del cielo para apaciguar tu cólera… Cesa de disputar, no desenvaines la espada e injúrialo de palabra como te parezca. Lo que voy a decir se cumplirá: por este ultraje se te ofrecerán un día triples y espléndidos presentes”. Es tan extraña la manera como se dicen las cosas en los mitos: Atenea no tiene madre, nace adulta y equipada con su escudo de guerrera de la cabeza de Zeus; en las Euménides de Esquilo (736), dice: “Mi corazón pertenece a lo masculino en todas las cosas, menos en la unión matrimonial, y me conservo sólo para el padre” (citado por Otto, 2003: 68); su virginidad, pues, muestra que también es cercana a él y procura su victoria. Artemisa, igualmente hija de Zeus, siendo muy niña le pide a su padre que le conceda la eterna virginidad (Kerényi, 1999a: 171); en este caso, su castidad es señal de su inocencia, si bien con las ambigüedades propias de los mitos: es dulce y terrible a la vez. Las parturientas le piden su auxilio, pues puede ayudarlas o hacerlas perecer; también otorga su favor al recién nacido y al hijo que crece. Sus flechas, como las de Apolo —es su hermana gemela—, provocan una muerte suave (Otto, 2003: 98-99). Hestia fue cortejada por Poseidón y Apolo, pero, para evitar una guerra, juró sobre la cabeza de su hermano Zeus que permanecería siempre virgen; cuando Dionisos fue admitido en el Olimpo, Hestia le cedió su puesto en el consejo de los doce dioses; su virginidad es signo de su modestia y su condición pacífica. De ella dependía la felicidad conyugal y la armonía de la familia; también la felicidad de la ciudad y la armonía entre sus habitantes; con el paso del tiempo amplió su protección a todo el universo, entendido, por consiguiente, como polis, como familia. Perséfone, hija de Zeus, no exactamente virgen pero sí la más famosa korê, «doncella», de la antigüedad, es llamada también «santa». Su mito se conmemora en los misterios de Eleusis. En resumen, estas vírgenes nos hablan de protección, cercanía, victoria, inocencia, muerte suave, modestia, paz, armonía en la casa y en la ciudad, santidad, misterio: María.


PRESENTACIÓN


ARCÁNGELES DE SOPÓ


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