La ceremonia de los desvelos

Publicada en Hasta que la muerte nos separe-Medea inmortal-María Eugenia-La ceremonia de los desvelos (2017)

 

Un mito es un presente que lleva milenios siendo presente

 León Febres-Cordero, El último Minotauro

TEMA: El descubrimiento de la propia divinidad, y a la vez, del carácter divino de otras entidades, como la muerte, la ciudad, el amor.

ARGUMENTO: Una joven caraqueña recorre la ciudad y conoce extraños personajes. Poco a poco descubre que son dioses, y que su ciudad y ella misma son divinas.

PERSONAJES:
DIONISOS
ARIADNA
MINERVA (Atenea)
CÉSAR (Prometeo)
BACANTES, mujeres
SEGUIDORES de César, hombres

ESTRUCTURA:
ESCENA I: Big-Bang
ESCENA II: Canto 1
ESCENA III: Fiesta 1
ESCENA IV: Ariadna y Minerva
ESCENA V: Mitin
ESCENA VI: Ariadna y César
ESCENA VII: Tragedia 1
ESCENA VIII: Ariadna y Dionisos
ESCENA IX: Canto 2
ESCENA X: Tragedia 2
ESCENA XI: Fiesta 2

MÚSICA SUGERIDA:
There is no Gypsy in the Village, por Sándor Lakatos y su banda gitana
Bluesette, de Jean Thieleman, por Freddy León

Le manoir de Rosemonde, de Henri Duparc, según poema Bonniéres, por Kiri Te Kanawa. La canción dice así: “De sa dent soudaine et vorace, comme un chien l’amour m’a mordu. En suivant mon sang répandu, va, tu pourras suivre ma trace (Con su súbito y voraz diente, como un perro el amor me mordió. Siguiendo mi sangre esparcida, ve, que podrás seguir mi rastro)”
Mara (Muerte), de Carlos Duarte
Son mi martirio, por Fosforito y Paco de Lucía


ESCENA X: Tragedia 2

K5.5BAthena
Atenea

MINERVA: Eres testaruda, Ariadna. Tienes miles de años dándole vueltas a todo y después dices que es Prometeo. Los dioses ni se marchan ni se transforman, porque los dioses no son.

Voy a ponerte unas cuantas cosas en términos, digamos, actuales. Vamos a aprovechar la ocasión, quién sabe cuándo nos volvamos a encontrar. Yo no soy la diosa de la ciudad, yo soy la ciudad.

Una ciudad no es una aglomeración de personas ni un lugar de recreo ni un centro de negocios, es un milagro. Cuando varios hombres piadosos se reúnen para vivir y morir juntos, no es que habitan, sino que constituyen una ciudad que es, como ellos, sagrada. Yo soy la epifanía de una ciudad gloriosa, pero también soy la epifanía de toda ciudad, que a veces no se llaman ciudades sino pueblos o aldeas, pero yo cuido de ellos en tanto se hayan organizado con piedad. El que habita una ciudad, habita en Atenas, y yo guardo las instituciones que la guardan; y cuando ellas no son suficiente protección, entonces la guardo con la lanza.

Los que me honran y cantan, también se honran y cantan a sí mismos. Una paradoja se le dice ahora a estas cosas, pero esa palabra me omite, me priva de las alabanzas y del olor de los sacrificios que con las altas columnas de humo hasta el Olimpo se alza. Como comprenderás, son los hombres quienes, por no derramar lágrimas, se privan de las dichas que producen los milagros.

Aquellos que ignoran las leyes divinas no habitan, no constituyen entidades sagradas, no forman ciudad aunque así llamen los poblados en que viven. No son ciudadanos, son bárbaros. Por consiguiente, es frecuente que sean gobernados por el titán que llevan adentro y que pasen su miserable vida haciéndose y haciendo a sus semejantes aún más miserables.

Creen que me ignoran, que me maltratan, que me reducen a una piltrafa. ¡Pobres insensatos!, no se dan cuenta de que sólo se ignoran, se maltratan y se reducen a piltrafa a sí mismos, pues, ciertamente, a los dioses no les hacen nada. ¿Qué quieres que te diga? ¡Yo soy la inmortal Atenea, la divina! ¡Regreso virgen, intacta, en cada nuevo canto!


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